“Llevo un par de meses en Ca’n Granada y no me faltan amigas ni compañía, me siento muy a gusto”

Llamamos a la puerta del apartamento situado en la primera planta de Ca’n Granada y nos abre una risueña y hospitalaria Carolina González. Vecina de este complejo residencial desde el pasado mes de septiembre, esta granadina conoció la existencia de Ca’n Granada por una noticia que vio en la televisión y lo que atrajo su atención fue que propusiera, y así lo recuerda perfectamente Carolina, “un estilo de vida independiente”.

“Entré aquí en septiembre y tengo muchas amigas con las que comparto momentos del día, pero también disfruto de mi tiempo en este apartamento”, reconoce mientras señala los grandes ventanales presentes en su salón y dormitorio para añadir: “¡Mira que vistas tengo desde aquí, dime si hay mejor forma de despertar que ésta! Es cierto, las panorámicas de la Serra de Tramuntana, así como de Palma, invitan a relajarse y dejar pasar los minutos observándolas. Pero la vida contemplativa no es la principal debilidad de Carolina, una persona inquieta y ávida de curiosear en cualquier campo que se proponga. Sin embargo, lo que sí le cautiva es la pintura por la que siente una pasión especial. “Me gusta mucho pintar; hago paisajes, retratos a carboncillo –nos enseña el último en el que dibujó de forma impecable el rostro de su hijo-, motivos animalistas o gastronómicos…, lo que me apetezca”, afirma con satisfacción a la vez que nos guía por la estancia para que podamos observar sus cuadros.

Uno de los aspectos que más valora de Ca’n Granada esta residente es sentirse en compañía cuando lo desea y, por supuesto, saber que está en todo momento controlada por el equipo médico del complejo. “En cuanto tengo algún problema, informo a la doctora y enseguida viene y eso me aporta mucha tranquilidad, tanto a mí como a mis hijos”, recalca esta vecina de este complejo contiguo al Hospital Quirónsalud Palmaplanas. A medida que avanza la conversación, Carolina va soltándose y nos confiesa otra de las cosas por las que se ha adaptado tan bien a Ca’n Granda: “A la hora de comer, bajo al comedor los días que me apetece y lo alterno con las delicias que me prepara mi nieta y que me trae cada semana, un encanto de chica. Así me apaño sobre la marcha y cada día me lo organizo a mi manera”, relata con ese orgullo de abuela que es imposible disimular.

Antes de marcharnos, Carolina no quiere pasar por alto la oportunidad de recordarnos en qué otras actividades ocupa sus jornadas: “Me gusta mucho hacer cosas y entretenerme y en Ca’n Granada tengo multitud de opciones para pasarlo bien, desde manualidades, talleres de memoria o baile, por decirte algunos”, concluye Carolina.

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