La historia de Sol y Josefa, dos amigas íntimas residentes de Ca’n Granada

Sol y Josefa se conocen desde hace más de cuarenta años y desde entonces mantienen una amistad muy estrecha. Les encanta hacer planes juntas: salir a pasear, ir de compras, disfrutar de la ópera, el ballet y del cine o comer fuera los fines de semana. A sus 83 años, Josefa sigue conduciendo su coche, que aparca en el parking privado de Ca’n Granada, en el que se desplazan a menudo ambas desde que residen en el complejo, hará ahora un par de años.

Sol fue la primera en llegar a Ca’n Granada en 2016, pero la historia es muy curiosa porque antes, las dos amigas estuvieron visitando diferentes residencias y centros pero siempre salían con la misma sensación: nada les atraía y sentían que no encajaban allí. Las hijas de Sol descubrieron la existencia de Ca’n Granada y de sus 51 apartamentos independientes y se acercaron a conocer el proyecto y les gustó, al igual que a la propia Sol, cuando días después visitó el complejo, convirtiéndose en vecina días más tarde. “Me encantó la cantidad de luz que tiene Ca’n Granada, el entorno tan verde que lo rodea, el paisaje y las vistas de la Tramuntana y, por supuesto, los apartamentos, que me encantaron”, asegura esta residente. Pero si hay algo que apasione a Sol es relacionarse con otras personas: “Aquí he descubierto lo interesante que es conocer gente nueva. Antes tenía un círculo cerrado de gente, con amistades, vecinos etc. como es normal, pero aquí te das cuenta de que cualquier persona con la que puedes charlar en Ca’n Granada tiene detrás una vida interesante, y eso me resultó fascinante”, añade.

Al cabo de un año, Josefa, que visitaba a menudo a su amiga, decidió trasladarse a vivir a otro apartamento de Ca’n Granada, situado dos pisos más arriba que el de Sol. “Queríamos vivir de forma totalmente independiente. La familia puede visitarnos cuando quiera, a cualquier hora, y nosotros vamos a verles cuando nos apetece. Es la ventaja de vivir como si estuvieras en tu casa pero dándotelo todo hecho, porque nos ha llegado una edad en la que, aunque estamos todavía muy bien, nos viene mejor que nos quiten muchas preocupaciones y cargas”, afirma Josefa que de vez cuando también aprovecha para marcharse unos días de viaje, eso sí, “avisando antes en recepción”, para que no se preocupen si no la ven durante un tiempo.

Además, en Ca’n Granada tienen una gran cantidad de servicios adicionales como puede ser el de control médico -que aporta mucha seguridad a los residentes y tranquilidad a sus familias- o toda una serie de actividades dirigidas como es el caso del taller de entrenamiento de la memoria que, en palabras de la propia Josefa, “es divertidísimo”. “La gente que trabaja en Ca’n Granada, a diario o en las actividades semanales que hacemos, es estupenda. Son encantadores, tenemos mucha suerte”, concluyen ambas casi al unísono. Antes de despedirnos, Sol, hablando en nombre de ambas, quiere remarcar un hecho que consideran muy importante: “Nuestras familias nos han ayudado en todo, cuando proyectábamos venir a Ca’n Granada y ahora que ya llevamos tiempo viviendo aquí. Se preocupan por nosotras, nos visitan permanentemente y siempre tienen detalles”.

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